domingo, octubre 11, 2015

Imagen de massimobursatil.blogspot.com

4:30 am. Un estudiante chino se levanta temprano para repasar el examen más importante de su carrera. En un intento desesperado por combatir el sueño abre una lata de Coca-Cola y se dispone a abrir los apuntes. 10:00 am. Un grupo de albañiles congoleños aprovechan el descanso de la mañana para refrescarse con una lata de Coca-Cola. 14:00 pm. Dos amigas quedan en Madrid para tomar un aperitivo. Ambas piden Coca-Cola.

Coca-Cola Company está presente hasta en el más recóndito lugar del mundo. Su gran imperio se fundamenta sobre una fórmula que sólo una reducida élite de ingenieros conoce y, sin embargo, se produce en cantidades ingentes capaces de abastecer a todo el planeta. Las multinacionales en general y, en particular Coca-Cola, ahorran en costes de producción aprovechando las economías de escala (esta expresión refiere a la caída del coste medio por unidad debido a un extraordinario aprovechamiento de las materias primas y de las ventajas de producir en cantidades industriales). Otra forma muy rentable de producir para las grandes empresas es haciéndolo en países en vías de desarrollo, puesto que la mano de obra además de los materiales y medios de producción necesarios son más baratos. Existen distintas fases de internacionalización de una empresa. Entre ellas, se dice que actúa como “filial exportadora” aquella empresa que centra su competitividad en la reducción de costes productivos, siendo habitualmente la variación del coste salarial en comparación al país de origen de las empresas la diferencia más marcada. Estas empresas tan grandes tienen un gran poder de influencia y de negociación en los países en vías de desarrollo que les permite negociar con amplia libertad el establecimiento de sus plantas productivas o las condiciones laborales, en ocasiones de dudosa legalidad y ética. Hicieron bastante ruido las noticias que acusaban a firmas como Nike o Adidas, cuyas condiciones laborales en las llamadas “fábricas del sudor” dejaban mucho que desear. Para ampliar la búsqueda sobre el tema, resulta interesante leer la obra de dos periodistas austriacos, Klaus Werner y Hans Weiss, El libro negro de las marcas.

Tomemos una perspectiva distinta. Actualmente cotizan en la bolsa de México la compañía de telefonía líder en el mundo, América Móvil, la tercera cementera, CEMEX y la mayor embotelladora de Coca-Cola (datos recogidos de la obra Países emergentes: En busca del milagro económico, por Sharma, Ruchir). De cada 100 corporaciones multinacionales localizadas en México 50 son americanas, 33 provienen de otros países y 17 son mexicanas (Corporaciones multinacionales en México: un primer mapeo), empleando de 3 a 5 millones de trabajadores en total. El volumen de inversiones que multinacionales como Nissan (1.3 billones de dólares para fabricar un nuevo modelo) o Ford (3 billones para reconvertir la planta de Cuautitlán para producir coches pequeños) realizan en México engruesa el PIB nacional de manera notoria y por tanto se convierte en un tema sujeto a debate político. Es por eso que el interés nacional en países emergentes favorece la implantación de las multinacionales a pesar de las pésimas condiciones en las que a menudo se somete a los trabajadores.  Porque ante todo, éstas fomentan trabajo y necesidad de mucha mano de obra. Y guste o no guste, supone un desarrollo social y económico que favorece a la economía y al desarrollo nacional. Nike tiene en China 195 fábricas con 249.655 trabajadores, en Vietnam cuenta con 65 centros de producción y 312.667 empleados y, en Indonesia, 40 plantas y 168.167 trabajadores.
Otra baza a favor de la instauración de las grandes empresas en países en vías de desarrollo es el impulso tecnológico que estas suponen. El avance en la modernización de la maquinaria, en la cadena de producción y en todo lo tecnológico supone sin duda un aspecto positivo a contemplar y, por tanto, otro punto crítico en cuanto a los intereses económicos de los gobiernos. Ciertamente interesaría la presencia de estas grandes corporaciones, aunque aquello pudiera dar pie a la aceptación de algunos procedimientos de gestión y de funcionamiento que fueran éticamente cuestionables.

Una última visión podría ser el caso de Myanmar (antigua Birmania). Un país gobernado por una dictadura militar y en el que las grandes compañías tienen grandes incentivos para localizar sus plantas de producción. En 2013, la consultora McKinsey reveló que el PIB en los próximos 20 años podría cuadruplicarse debido a la inversión de capital extranjero por valor de más de 100.000 millones de dólares pocos meses después de que el líder birmano hiciese todo lo posible por aparecer ante la opinión internacional como un país afín a la Gran Bretaña de Tony Blair. Teniendo en cuenta que el PIB de este país en 2014 fue de 48.400 millones de euros, las cifras no son nada desdeñables. 

En definitiva, no podemos negar que la relación entre los gobiernos y las multinacionales es más estrecha que nunca en un contexto cada vez más globalizado, donde no nos extraña que los primeros en invertir en Sierra Leona después de la firma de los tratados de paz fueran empresas pertenecientes al gran gigante asiático. Según un informe publicado por la UNCTAD (United Nations Conference on Trade and Development),  59 países y economías adoptaron 87 medidas de política que afectan a la inversión extranjera en 2013, orientando las políticas nacionales de inversión a la promoción y la liberalización de las inversiones.


En conclusión, las multinacionales tienen una gran importancia en el desarrollo de los países en los que se localizan, y si éstos son países emergentes el efecto es más evidente. La inversión en I+D hace progresar al país y los gobiernos están condicionados y en algunos casos maniatados, pues tienen que aceptar unas condiciones laborales y de pérdida de recursos naturales que si jamás aceptarían si los beneficios en términos de PIB y desarrollo económico no lo compensaran.

Las empresas multinacionales: ¿Pueden resultar determinantes en la soberanía de los países emergentes?

Imagen de massimobursatil.blogspot.com

4:30 am. Un estudiante chino se levanta temprano para repasar el examen más importante de su carrera. En un intento desesperado por combatir el sueño abre una lata de Coca-Cola y se dispone a abrir los apuntes. 10:00 am. Un grupo de albañiles congoleños aprovechan el descanso de la mañana para refrescarse con una lata de Coca-Cola. 14:00 pm. Dos amigas quedan en Madrid para tomar un aperitivo. Ambas piden Coca-Cola.

Coca-Cola Company está presente hasta en el más recóndito lugar del mundo. Su gran imperio se fundamenta sobre una fórmula que sólo una reducida élite de ingenieros conoce y, sin embargo, se produce en cantidades ingentes capaces de abastecer a todo el planeta. Las multinacionales en general y, en particular Coca-Cola, ahorran en costes de producción aprovechando las economías de escala (esta expresión refiere a la caída del coste medio por unidad debido a un extraordinario aprovechamiento de las materias primas y de las ventajas de producir en cantidades industriales). Otra forma muy rentable de producir para las grandes empresas es haciéndolo en países en vías de desarrollo, puesto que la mano de obra además de los materiales y medios de producción necesarios son más baratos. Existen distintas fases de internacionalización de una empresa. Entre ellas, se dice que actúa como “filial exportadora” aquella empresa que centra su competitividad en la reducción de costes productivos, siendo habitualmente la variación del coste salarial en comparación al país de origen de las empresas la diferencia más marcada. Estas empresas tan grandes tienen un gran poder de influencia y de negociación en los países en vías de desarrollo que les permite negociar con amplia libertad el establecimiento de sus plantas productivas o las condiciones laborales, en ocasiones de dudosa legalidad y ética. Hicieron bastante ruido las noticias que acusaban a firmas como Nike o Adidas, cuyas condiciones laborales en las llamadas “fábricas del sudor” dejaban mucho que desear. Para ampliar la búsqueda sobre el tema, resulta interesante leer la obra de dos periodistas austriacos, Klaus Werner y Hans Weiss, El libro negro de las marcas.

Tomemos una perspectiva distinta. Actualmente cotizan en la bolsa de México la compañía de telefonía líder en el mundo, América Móvil, la tercera cementera, CEMEX y la mayor embotelladora de Coca-Cola (datos recogidos de la obra Países emergentes: En busca del milagro económico, por Sharma, Ruchir). De cada 100 corporaciones multinacionales localizadas en México 50 son americanas, 33 provienen de otros países y 17 son mexicanas (Corporaciones multinacionales en México: un primer mapeo), empleando de 3 a 5 millones de trabajadores en total. El volumen de inversiones que multinacionales como Nissan (1.3 billones de dólares para fabricar un nuevo modelo) o Ford (3 billones para reconvertir la planta de Cuautitlán para producir coches pequeños) realizan en México engruesa el PIB nacional de manera notoria y por tanto se convierte en un tema sujeto a debate político. Es por eso que el interés nacional en países emergentes favorece la implantación de las multinacionales a pesar de las pésimas condiciones en las que a menudo se somete a los trabajadores.  Porque ante todo, éstas fomentan trabajo y necesidad de mucha mano de obra. Y guste o no guste, supone un desarrollo social y económico que favorece a la economía y al desarrollo nacional. Nike tiene en China 195 fábricas con 249.655 trabajadores, en Vietnam cuenta con 65 centros de producción y 312.667 empleados y, en Indonesia, 40 plantas y 168.167 trabajadores.
Otra baza a favor de la instauración de las grandes empresas en países en vías de desarrollo es el impulso tecnológico que estas suponen. El avance en la modernización de la maquinaria, en la cadena de producción y en todo lo tecnológico supone sin duda un aspecto positivo a contemplar y, por tanto, otro punto crítico en cuanto a los intereses económicos de los gobiernos. Ciertamente interesaría la presencia de estas grandes corporaciones, aunque aquello pudiera dar pie a la aceptación de algunos procedimientos de gestión y de funcionamiento que fueran éticamente cuestionables.

Una última visión podría ser el caso de Myanmar (antigua Birmania). Un país gobernado por una dictadura militar y en el que las grandes compañías tienen grandes incentivos para localizar sus plantas de producción. En 2013, la consultora McKinsey reveló que el PIB en los próximos 20 años podría cuadruplicarse debido a la inversión de capital extranjero por valor de más de 100.000 millones de dólares pocos meses después de que el líder birmano hiciese todo lo posible por aparecer ante la opinión internacional como un país afín a la Gran Bretaña de Tony Blair. Teniendo en cuenta que el PIB de este país en 2014 fue de 48.400 millones de euros, las cifras no son nada desdeñables. 

En definitiva, no podemos negar que la relación entre los gobiernos y las multinacionales es más estrecha que nunca en un contexto cada vez más globalizado, donde no nos extraña que los primeros en invertir en Sierra Leona después de la firma de los tratados de paz fueran empresas pertenecientes al gran gigante asiático. Según un informe publicado por la UNCTAD (United Nations Conference on Trade and Development),  59 países y economías adoptaron 87 medidas de política que afectan a la inversión extranjera en 2013, orientando las políticas nacionales de inversión a la promoción y la liberalización de las inversiones.


En conclusión, las multinacionales tienen una gran importancia en el desarrollo de los países en los que se localizan, y si éstos son países emergentes el efecto es más evidente. La inversión en I+D hace progresar al país y los gobiernos están condicionados y en algunos casos maniatados, pues tienen que aceptar unas condiciones laborales y de pérdida de recursos naturales que si jamás aceptarían si los beneficios en términos de PIB y desarrollo económico no lo compensaran.

miércoles, septiembre 23, 2015

EFE
"Un grupo de refugiados sirios en la frontera con Turquía" 


Todo aquel que no lleve encerrado en una cueva varios meses, seguramente haya oído hablar de la seria crisis humanitaria que estamos sufriendo por diversos motivos. El principal, es que hace ya unos cuantos años dio comienzo una guerra civil en Siria cuya brutalidad ha empujado a familias enteras a tener que dejar todo atrás, bajo riesgo mortal, con la esperanza de encontrar un lugar donde refugiarse. A este fenómeno, se le añaden otros, con gente de otros países y otras circunstancias que también ven Europa como su mayor o incluso única esperanza para seguir adelante. Y es que Europa, por mucho que nos parezca a nosotros europeos que está en crisis y que no funciona como debiera, es ahora mismo el continente más desarrollado en asuntos sociales. 
Ante eso, nuestros dirigentes europeos se encuentran frente a un gran desafío: por un lado, sienten la responsabilidad moral de ayudar a aquellas personas que lo necesitan; por el otro, al hacerlo deberían realizar incómodos esfuerzos económicos a corto y largo plazo que no todos los estados están dispuestos a asumir. ¿Cómo actuar entonces? ¿Qué políticas poner en marcha y bajo qué condiciones? ¿Solucionaría eso el problema? 
Hemos considerado oportuno tratar el tema desde las distintas corrientes ideológicas estudiadas en clase para comprender mejor el debate europeo actual.

Si no tuviéramos en cuenta ninguna de sus consecuencias a corto o largo plazo, ni los esfuerzos que se deben asumir, la mayoría hubiésemos optado por acoger a los refugiados. Especialmente tras ver el horror de las imágenes emitidas en los telediarios: niños pequeños ahogados, periodistas húngaras dando patadas a padres que huyen con sus niños en brazos y otro tipo de aberraciones. Sin embargo, alguna razón deben tener aquellos países que cierran sus puertas. A nadie le gusta ser el malo de la película y mucho menos en cuestiones humanitarias. ¿Por qué entonces? 
Para empezar, aún no habíamos tenido en cuenta ni las consecuencias ni los esfuerzos que conllevan acoger a más gente en el interior de nuestras fronteras. Seamos realistas, el ser humano es un ser racional. Por tanto, tiende a velar por sus propios intereses antes de mirar por los del resto. "¿Cómo vamos a acoger a más personas si no tenemos trabajo ni dinero para los que ya somos?", "Hará falta proporcionarles alimento, hogar, sanidad, protección... ¿Quién la va a pagar?", "¿Hasta cuándo van a quedarse? ¿Qué tendencias migratorias comenzarán a formarse? ¿De cuántas personas estamos hablando?"
Muchos países europeos se han abstenido de hablar sobre su disposición a acoger refugiados. Otros, reducen la cifra propuesta por el Consejo de la Unión Europea (UE). Este último es el caso de España, a quien la Comisión asignó 5800 refugiados de los cuales España sólo está dispuesta a admitir 2739 (según El Confidencial, 9 de septiembre de 2015). 
Los realistas defienden entonces que el interés de países como España supera al interés colectivo. Además, proponen la búsqueda de un equilibrio que puede ser conseguido mediante el reparto de inmigrantes entre distintos países, compensando sus fondos económicos y evitando una excesiva cifra de inmigrantes que provoque consecuencias negativas.

Esta es una cuestión muy polémica que enardece especialmente a aquellos que tienden hacia una visión marxista de la realidad. A sus ojos, la Europa capitalista no es capaz de resolver estos problemas por su naturaleza egoísta que le impide aceptar medidas que no le resulten económicamente rentables. Marcando la diferencia radical social entre un pequeño círculo de capitalistas y un proletariado en situación de vulnerabilidad, denuncia un choque de intereses contrarios e incompatibles que alimentan los grandes conflictos.
Además, la teoría marxista se dirige directamente hacia el origen del problema. Un marxista diría que la avalancha de conflictos toma su origen en el momento en el que el líder sirio Bashar al-Asad ordena una represión masiva hacia los rebeldes que atentaban contra su régimen. Estos rebeldes, que interpretarían el papel de proletarios inconformistas y tratan de menguar la hegemonía capitalista, se alzan en armas contra el gobierno. La seguridad en Siria se lograría entonces si el proletariado obtuviese "justicia" y toda la población contase con los mismos recursos. Por tanto, la solución pasaría forzosamente por el establecimiento de una sociedad comunista.

En contraposición con esta escuela ideológica, se impone aquella de la defensa de la libertad como último fin del progreso de nuestras civilizaciones. Mediante la división de poderes, que limita la concentración de excesivo poder en una sola persona o en una élite reducida; y la defensa de los derechos humanos como máximas incuestionables, los liberales son portadores y defensores de unos valores e ideales que otras corrientes tacharían de utópicos e inalcanzables. En la situación delicada actual, el liberalismo exige tener en cuenta los derechos humanos que tienen tanto los europeos como los sirios y demás inmigrantes a Europa. Los refugiados piden asilo para escapar de la guerra y de la pobreza, por ello se dirigen a Europa y en especial a Alemania donde el nivel de vida es razonablemente elevado. Como dice el Artículo 3 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona. Además, la UE se proclamó Espacio de seguridad, libertad y justicia, consolidándolo con el Sistema Europeo Común de Asilo (al que hoy se le podría cuestionar su funcionamiento y su eficacia en momentos críticos, así como la unidad y autoridad política europea vistas las tomas de decisiones de países como Hungría). 
El liberalismo por definición apela a la naturaleza y responsabilidad moral de los individuos. Hace un llamamiento a la solidaridad, al sacrificio por la ayuda de quienes lo necesitan y a una progresión de la comunicación entre estados e individuos con el objetivo último de mantener la paz y el equilibrio. Lo que comenzó como un proyecto idealista de Kant sobre la paz perpetua se ha convertido hoy en una evolución progresiva hacia una realidad cada vez más tangible.

Si continuamos añadiendo distintas visiones y corrientes de pensamiento, puede resultar interesante incluir el feminismo. La teoría del feminismo, en su origen, defiende la igualdad real de género en ámbitos legales,  económicos, sociales y políticos. Asimismo, reprocha que a lo largo de toda la historia y hasta hace muy poco tiempo en Europa, la mujer siempre fue considerada como una menor de edad. A la sombra de un varón adulto, dependía de un padre o de un marido para todo y su influencia en cualquier ámbito acostumbraba a ser muy limitada o incluso inexistente. 
Como resultado, en las relaciones internacionales, el mundo poseería una estructura puramente patriarcal. Se ha dicho, que si las mujeres hubiesen estado al mando en muchas de las guerras, menos caídos se habrían visto, menos vidas se habrían perdido. Aunque no podemos juzgar ni la historia ni los hechos por aquello que podría haber pasado pero nunca ocurrió. Pues por el mismo razonamiento, si en el principio de los tiempos hubiesen sido las mujeres quienes tuviesen la responsabilidad de proporcionar alimento y los hombres se hubiesen quedado protegiendo a los niños, las desigualdades podrían ser, o no, inversas.
Pero habiendo sobrepasado con creces la era en la que se necesita la superioridad física de los hombres o el cuidado y la lactancia de la mujer en nuestras sociedades, los feministas se esfuerzan por demostrar la importancia de un reajuste social que permita una perfecta igualdad de oportunidades. Para ello, luchan contra el "techo de cristal", que explica cómo existe una barrera imperceptible en la ascensión laboral femenina, por los derechos de la mujer en todo el mundo y, recientemente se defiende también la libertad de los hombres a ser más "femeninos y vulnerables". Son interesantes los discursos feministas en Naciones Unidas de figuras como Emma Watson y Malala Yousafsaï
De cara a la crisis humanitaria actual, los feministas pueden hacer frente a dos cuestiones. La primera, la escasa libertad que tienen las mujeres en las sociedades musulmanas, especialmente en las radicales, que sería una de las causas primeras de los problemas sociales. La segunda, sería cómo afrontar el problema desde un punto de vista feminista. En este caso, nos preguntamos si realmente habría un modo particular feminista de encontrar soluciones, como acoger a mujeres y niños, o si no estaríamos cometiendo una amalgama entre feminismo e instinto maternal. 

Como último punto sobre este tema, hemos escogido adoptar el enfoque del constructivismo. La teoría del  conocimiento constructivista explica que no hay una realidad única y verdadera sino que aquello que se considera verdad varía en función de la perspectiva desde la cual se observe.
Respecto al desplazamiento masivo de refugiados, los teóricos del constructivismo observan esta situación de enfrentamiento de perspectivas entre dos sectores de población: los de mayor capacidad adquisitiva y poder, y los grupos sociales que solicitaban mayor libertad y derechos. Ambos bandos comenzaron un enfrentamiento bélico debido este conflicto. Con la entrada del Estado Islámico en la guerra, las consecuencias se agravaron por la radicalidad del conflicto y han provocado la huída de un mayor volumen de población. Los países vecinos han comenzado  a poner dificultades a los sirios impidiéndoles atravesar la frontera hasta su ansiado destino: Europa. También esto tiene que ver con el miedo de la expansión de los ataques terroristas o del Estado Islámico fuera de las fronteras sirias por no haber sabido controlar adecuadamente los flujos migratorios.
El evento más impactante fue el cierre de la frontera húngara. Este país considera una amenaza para su economía y su seguridad la tendencia masiva migratoria. Desde el punto de vista de los países receptores, la acogida de los refugiados supone un elevado gasto económico ya que deben proporcionar las condiciones necesarias para asegurar el derecho a la vida digna. A pesar de los riesgos económicos que supone esta acogida, los países tienen la obligación moral de acogerlos porque no dejan de ser personas refugiadas que necesitan ayuda. 
En este caso, el aspecto político y económico es menos importante ya que las personas refugiadas necesitan ayuda y según las teorías del constructivismo, el valor humano está por encima de cualquier otra cosa.

Como hemos podido comprobar, tanto lo que conforma nuestra realidad como las decisiones que deben tomarse en el día a día en las relaciones internacionales varían enormemente según la perspectiva desde la cual se observe. Realistas, marxistas, liberales, feministas o constructivistas, todos ellos tienen argumentos tan válidos como contestables. Por tanto, consideramos muy valioso conocer las distintas posturas y reflexiones para poder mantener una postura tan equilibrada como flexible. 



Visión de las distintas escuelas ideológicas acerca de la reciente crisis humanitaria

EFE
"Un grupo de refugiados sirios en la frontera con Turquía" 


Todo aquel que no lleve encerrado en una cueva varios meses, seguramente haya oído hablar de la seria crisis humanitaria que estamos sufriendo por diversos motivos. El principal, es que hace ya unos cuantos años dio comienzo una guerra civil en Siria cuya brutalidad ha empujado a familias enteras a tener que dejar todo atrás, bajo riesgo mortal, con la esperanza de encontrar un lugar donde refugiarse. A este fenómeno, se le añaden otros, con gente de otros países y otras circunstancias que también ven Europa como su mayor o incluso única esperanza para seguir adelante. Y es que Europa, por mucho que nos parezca a nosotros europeos que está en crisis y que no funciona como debiera, es ahora mismo el continente más desarrollado en asuntos sociales. 
Ante eso, nuestros dirigentes europeos se encuentran frente a un gran desafío: por un lado, sienten la responsabilidad moral de ayudar a aquellas personas que lo necesitan; por el otro, al hacerlo deberían realizar incómodos esfuerzos económicos a corto y largo plazo que no todos los estados están dispuestos a asumir. ¿Cómo actuar entonces? ¿Qué políticas poner en marcha y bajo qué condiciones? ¿Solucionaría eso el problema? 
Hemos considerado oportuno tratar el tema desde las distintas corrientes ideológicas estudiadas en clase para comprender mejor el debate europeo actual.

Si no tuviéramos en cuenta ninguna de sus consecuencias a corto o largo plazo, ni los esfuerzos que se deben asumir, la mayoría hubiésemos optado por acoger a los refugiados. Especialmente tras ver el horror de las imágenes emitidas en los telediarios: niños pequeños ahogados, periodistas húngaras dando patadas a padres que huyen con sus niños en brazos y otro tipo de aberraciones. Sin embargo, alguna razón deben tener aquellos países que cierran sus puertas. A nadie le gusta ser el malo de la película y mucho menos en cuestiones humanitarias. ¿Por qué entonces? 
Para empezar, aún no habíamos tenido en cuenta ni las consecuencias ni los esfuerzos que conllevan acoger a más gente en el interior de nuestras fronteras. Seamos realistas, el ser humano es un ser racional. Por tanto, tiende a velar por sus propios intereses antes de mirar por los del resto. "¿Cómo vamos a acoger a más personas si no tenemos trabajo ni dinero para los que ya somos?", "Hará falta proporcionarles alimento, hogar, sanidad, protección... ¿Quién la va a pagar?", "¿Hasta cuándo van a quedarse? ¿Qué tendencias migratorias comenzarán a formarse? ¿De cuántas personas estamos hablando?"
Muchos países europeos se han abstenido de hablar sobre su disposición a acoger refugiados. Otros, reducen la cifra propuesta por el Consejo de la Unión Europea (UE). Este último es el caso de España, a quien la Comisión asignó 5800 refugiados de los cuales España sólo está dispuesta a admitir 2739 (según El Confidencial, 9 de septiembre de 2015). 
Los realistas defienden entonces que el interés de países como España supera al interés colectivo. Además, proponen la búsqueda de un equilibrio que puede ser conseguido mediante el reparto de inmigrantes entre distintos países, compensando sus fondos económicos y evitando una excesiva cifra de inmigrantes que provoque consecuencias negativas.

Esta es una cuestión muy polémica que enardece especialmente a aquellos que tienden hacia una visión marxista de la realidad. A sus ojos, la Europa capitalista no es capaz de resolver estos problemas por su naturaleza egoísta que le impide aceptar medidas que no le resulten económicamente rentables. Marcando la diferencia radical social entre un pequeño círculo de capitalistas y un proletariado en situación de vulnerabilidad, denuncia un choque de intereses contrarios e incompatibles que alimentan los grandes conflictos.
Además, la teoría marxista se dirige directamente hacia el origen del problema. Un marxista diría que la avalancha de conflictos toma su origen en el momento en el que el líder sirio Bashar al-Asad ordena una represión masiva hacia los rebeldes que atentaban contra su régimen. Estos rebeldes, que interpretarían el papel de proletarios inconformistas y tratan de menguar la hegemonía capitalista, se alzan en armas contra el gobierno. La seguridad en Siria se lograría entonces si el proletariado obtuviese "justicia" y toda la población contase con los mismos recursos. Por tanto, la solución pasaría forzosamente por el establecimiento de una sociedad comunista.

En contraposición con esta escuela ideológica, se impone aquella de la defensa de la libertad como último fin del progreso de nuestras civilizaciones. Mediante la división de poderes, que limita la concentración de excesivo poder en una sola persona o en una élite reducida; y la defensa de los derechos humanos como máximas incuestionables, los liberales son portadores y defensores de unos valores e ideales que otras corrientes tacharían de utópicos e inalcanzables. En la situación delicada actual, el liberalismo exige tener en cuenta los derechos humanos que tienen tanto los europeos como los sirios y demás inmigrantes a Europa. Los refugiados piden asilo para escapar de la guerra y de la pobreza, por ello se dirigen a Europa y en especial a Alemania donde el nivel de vida es razonablemente elevado. Como dice el Artículo 3 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona. Además, la UE se proclamó Espacio de seguridad, libertad y justicia, consolidándolo con el Sistema Europeo Común de Asilo (al que hoy se le podría cuestionar su funcionamiento y su eficacia en momentos críticos, así como la unidad y autoridad política europea vistas las tomas de decisiones de países como Hungría). 
El liberalismo por definición apela a la naturaleza y responsabilidad moral de los individuos. Hace un llamamiento a la solidaridad, al sacrificio por la ayuda de quienes lo necesitan y a una progresión de la comunicación entre estados e individuos con el objetivo último de mantener la paz y el equilibrio. Lo que comenzó como un proyecto idealista de Kant sobre la paz perpetua se ha convertido hoy en una evolución progresiva hacia una realidad cada vez más tangible.

Si continuamos añadiendo distintas visiones y corrientes de pensamiento, puede resultar interesante incluir el feminismo. La teoría del feminismo, en su origen, defiende la igualdad real de género en ámbitos legales,  económicos, sociales y políticos. Asimismo, reprocha que a lo largo de toda la historia y hasta hace muy poco tiempo en Europa, la mujer siempre fue considerada como una menor de edad. A la sombra de un varón adulto, dependía de un padre o de un marido para todo y su influencia en cualquier ámbito acostumbraba a ser muy limitada o incluso inexistente. 
Como resultado, en las relaciones internacionales, el mundo poseería una estructura puramente patriarcal. Se ha dicho, que si las mujeres hubiesen estado al mando en muchas de las guerras, menos caídos se habrían visto, menos vidas se habrían perdido. Aunque no podemos juzgar ni la historia ni los hechos por aquello que podría haber pasado pero nunca ocurrió. Pues por el mismo razonamiento, si en el principio de los tiempos hubiesen sido las mujeres quienes tuviesen la responsabilidad de proporcionar alimento y los hombres se hubiesen quedado protegiendo a los niños, las desigualdades podrían ser, o no, inversas.
Pero habiendo sobrepasado con creces la era en la que se necesita la superioridad física de los hombres o el cuidado y la lactancia de la mujer en nuestras sociedades, los feministas se esfuerzan por demostrar la importancia de un reajuste social que permita una perfecta igualdad de oportunidades. Para ello, luchan contra el "techo de cristal", que explica cómo existe una barrera imperceptible en la ascensión laboral femenina, por los derechos de la mujer en todo el mundo y, recientemente se defiende también la libertad de los hombres a ser más "femeninos y vulnerables". Son interesantes los discursos feministas en Naciones Unidas de figuras como Emma Watson y Malala Yousafsaï
De cara a la crisis humanitaria actual, los feministas pueden hacer frente a dos cuestiones. La primera, la escasa libertad que tienen las mujeres en las sociedades musulmanas, especialmente en las radicales, que sería una de las causas primeras de los problemas sociales. La segunda, sería cómo afrontar el problema desde un punto de vista feminista. En este caso, nos preguntamos si realmente habría un modo particular feminista de encontrar soluciones, como acoger a mujeres y niños, o si no estaríamos cometiendo una amalgama entre feminismo e instinto maternal. 

Como último punto sobre este tema, hemos escogido adoptar el enfoque del constructivismo. La teoría del  conocimiento constructivista explica que no hay una realidad única y verdadera sino que aquello que se considera verdad varía en función de la perspectiva desde la cual se observe.
Respecto al desplazamiento masivo de refugiados, los teóricos del constructivismo observan esta situación de enfrentamiento de perspectivas entre dos sectores de población: los de mayor capacidad adquisitiva y poder, y los grupos sociales que solicitaban mayor libertad y derechos. Ambos bandos comenzaron un enfrentamiento bélico debido este conflicto. Con la entrada del Estado Islámico en la guerra, las consecuencias se agravaron por la radicalidad del conflicto y han provocado la huída de un mayor volumen de población. Los países vecinos han comenzado  a poner dificultades a los sirios impidiéndoles atravesar la frontera hasta su ansiado destino: Europa. También esto tiene que ver con el miedo de la expansión de los ataques terroristas o del Estado Islámico fuera de las fronteras sirias por no haber sabido controlar adecuadamente los flujos migratorios.
El evento más impactante fue el cierre de la frontera húngara. Este país considera una amenaza para su economía y su seguridad la tendencia masiva migratoria. Desde el punto de vista de los países receptores, la acogida de los refugiados supone un elevado gasto económico ya que deben proporcionar las condiciones necesarias para asegurar el derecho a la vida digna. A pesar de los riesgos económicos que supone esta acogida, los países tienen la obligación moral de acogerlos porque no dejan de ser personas refugiadas que necesitan ayuda. 
En este caso, el aspecto político y económico es menos importante ya que las personas refugiadas necesitan ayuda y según las teorías del constructivismo, el valor humano está por encima de cualquier otra cosa.

Como hemos podido comprobar, tanto lo que conforma nuestra realidad como las decisiones que deben tomarse en el día a día en las relaciones internacionales varían enormemente según la perspectiva desde la cual se observe. Realistas, marxistas, liberales, feministas o constructivistas, todos ellos tienen argumentos tan válidos como contestables. Por tanto, consideramos muy valioso conocer las distintas posturas y reflexiones para poder mantener una postura tan equilibrada como flexible.